Nuevas funciones del departamento de comunicación.

El nuevo escenario para los departamentos de comunicación

Hasta hace bien poco, el escenario en el que operaban las organizaciones y sus departamentos de comunicación resultaba ser un amasijo estable de actores y de métodos de intervención. Sin embargo, en los últimos años, los canales se han acrecentado y el ágora público se ha empoderado, poniéndose el foco de atención en contrastar cada uno de los procedimientos para no ser sorprendidos por prácticas alejadas de la responsabilidad social. La explicación a esta inspección exhaustiva radica en mantener a buen recaudo la salud corporativa, más amenazada y más endeble que antaño como consecuencia de una aldea global que desgasta y disgrega a las empresas e instituciones que obvian una idea clave: fortalecer la acción de mejora continua constituye dar utilidad a la identidad, a la credibilidad, a la cultura, al crecimiento. Aun así, se topan progresivamente con el escollo de contextualizar y priorizar en un entorno marcado por una vorágine de cambios. Lo sustancial está en que gozan de más recursos y herramientas que permiten conocer de forma rápida y real cuál es el impacto de cada una de las actividades que llevan a cabo.

Los departamentos de comunicación, evolución al abrigo de la transformación digital o el 'big data'.

Hitos como la transformación digital han provocado una metamorfosis en las relaciones con los grupos de interés.

Los departamentos de comunicación son cada vez más conscientes de que sus estrategias y sus tareas son necesarias porque el cómo crea valor sobre el qué y el quién. De ahí, la importancia del porqué es primordial fidelizar a través de la gestión de los intangibles corporativos y también, el hecho de aprender a vivir, en ciertas ocasiones, con el síndrome de empresa desnuda. Aunque la sensación de pérdida de control de la información ha crecido de forma exponencial, esto no implica que convertirse en transitorios cajones de sastre sea positivo, más que nada porque las ideas desordenadas y confusas llevan consigo ineptitud. No ya a nivel departamental, y lo que supone comunicar mal sin mantener un discurso homogéneo en el tiempo, sino desde el pensamiento holístico a partir del que debiera ser entendida cualquier organización. No obstante, a pesar de la complejidad, y más allá de la nubosidad que pueda producir ésta en el medio y en el largo plazo, las oportunidades se han multiplicado bajo el paradigma de ser más creativos y sofisticados para no estancarse y evolucionar. Eso sí, sin perder de vista el análisis del entorno y de las volatilidades que sufre. Además, hay una presión añadida, y es que antes los stakeholders eran vistos desde una jerarquía más global, pero la transformación digital y el aumento de la competitividad a gran escala ha hecho más necesario acotar a los grupos de interés en función de sus roles, de sus expectativas y de sus necesidades.

La importancia de los intangibles en las empresas e instituciones.

El saber hacer y la competitividad de las organizaciones es el resultado del conocimiento que acaparan y desarrollan.

En definitiva, humanizar los contenidos es una de las prioridades de los departamentos de comunicación, lo que lleva implícito escuchar a las audiencias de una forma más activa para una protección más eficaz y eficiente de la reputación. Y por otro lado, aprovechar también la innovación tecnológica para descubrir posibilidades que antes eran impensables. Esto, que duda cabe, conlleva la trascendencia de saber manejar los datos (big data) y, sobre todo, conocer qué se debe hacer con ellos con el afán de conseguir un impacto positivo en la sociedad. No hay que olvidar que una de las mayores losas es hablar o hacer gala de la misión, la visión y los valores, y que las empresas e instituciones no sean coherentes a la hora de ponerlos esto práctica a través de las acciones que comunican.

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Cinco ideas que deberías saber acerca de la resiliencia

Hay una palabra de moda, clave para comprender la dimensión de los riesgos como oportunidades para alcanzar el crecimiento. Prosperar en la resiliencia forma parte, de modo axiomático, de la rutina de las empresas e instituciones. En un ecosistema en el que cada vez es más determinante la innovación y el emprendimiento, sin eludir la misión de lograr marcas responsables y sociales, la aptitud para adaptarse a los desafíos y a los contratiempos marca la diferencia. Es evidente el cambio y la alteración que se está produciendo en las estrategias de comunicación, debido entre otras cosas a la transformación digital. Por ello, la esencia está en, a partir de la transparencia como modelo de gestión, enfrentarse con garantías a dos aspectos. Por un lado, al entrenamiento para la resistencia en momentos en los que crece y predomina la presión. Y en segundo lugar, al estímulo y a la puesta en práctica de comportamientos eficaces y consistentes para conocer el modo de proceder en esas situaciones límite.

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El desafío es saber interpretar, afrontar y superar los problemas que surgen en el día a día.

Cuando escuchamos hablar de la exigencia frente al azar que emerge de lo imprevisible, se atisban diferentes comportamientos. Estos son sintomáticos para entender el cómo se enfrentan las organizaciones, y en particular sus públicos internos, a los problemas. Por ejemplo, hay personas que, ante el vértigo que produce lo complejo y lo inesperado, se frustran y se lamentan, sin embargo pueden superarlos aunque no se les pase por la cabeza el hecho de intentarlo. También, aquellas que por más que se sientan útiles y con predisposición de hacer las cosas de un modo distinto, no son capaces de lograrlo. Y, como no, otras que conocen la forma de gestionar las adversidades y actúan bajo parámetros concretos -como la flexibilidad, la creatividad, la interrelación, el compromiso o la capacidad de conocer los cambios y saber adaptarse a ellos- que les permiten obtener resultados cualitativos y cuantitativos óptimos, y así superar con éxito la confusión. La resiliencia es, precisamente, esto último, y representa a las personas que abordan cada realidad como un desafío que saben interpretar, afrontar y superar.

En un contexto de incertidumbre, en el que ahora vivimos como consecuencia en gran parte de la multiplicidad de agentes sociales, económicos o políticos, las empresas e instituciones demandan, a un ritmo cada vez más rápido, perfiles con una perspectiva distinta, que conozcan cuáles son sus potencialidades y sus limitaciones. En definitiva, personas que sean perseverantes, que vean posibilidades en lo abstracto, que apuesten por la comunicación como elemento para el entendimiento, que atisben siempre oportunidades de mejora a pesar de las contrariedades que se encuentren por el camino. Por tanto, que les empuje el entusiasmo y la ambición para, a través de pequeños pasos, conseguir grandes logros.

Busca la pasión en cada cosa que hagas en la comunicación corporativa.

Aprovechar los recursos es una manera de maximizar la capacidad para hacer frente a las dificultades cotidianas.

La resiliencia obliga, como no, a estar continuamente en alerta, pero supone tener la capacidad para ir más allá y utilizar las situaciones comprometidas para crecer y desarrollar al máximo el potencial. Pero, ¿qué cinco ideas sirven para diferenciar a las personas resilientes de las que no lo son?

  • Son tenaces y confían en sus capacidades para la consecución de los objetivos.
  • Asumen las dificultades como una ocasión para aprender y superarse.
  • Son comprometidas y están dispuestas a ayudar a los demás.
  • No se cierran al cambio y siempre están abiertas a valorar diferentes alternativas.
  • Tienen una visión optimista y atisban lo que quieren en vez de preocuparse por las inquietudes.
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Claves y tendencias para la transformación digital en 2017

La transformación digital está quebrando los prototipos tradicionales de hacer las cosas, de manera que su apuesta a lo largo del año 2016 no ha sido una opción eventual, sino una elección inexcusable para que las empresas e instituciones se hayan reinventado en mayor o menor medida. Con este panorama, para el 2017 surge la obligatoriedad de alterar una estructura corporativa que sea sinónimo de versatilidad, de adecuación a la creciente efervescencia de expectativas, de formatos, de modelos de negocio. El primer paso, por tanto, estriba en huir de la rigidez para ser más flexibles, abocados pues a la importancia de la renovación constante de un elemento tan vital como es la cultura corporativa. Esto supone que a nivel interno se integren y se maduren los conceptos y las herramientas que surgen y que se desarrollan en un mundo tan dinámico y tecnológico. A pesar de la reticencia a asumir riesgos y el inmovilismo en la toma de ciertas decisiones, el objetivo seguirá siendo renunciar a la planificación estratégica ineficiente. Primero, se han de centrar las miras en los recursos, que en muchas ocasiones, se reparten de modo anómalo y baldío, y segundo término, apostar por la comunicación como plataforma para el entendimiento y el logro común.

No sólo están surgiendo nuevas figuras en la alta dirección, como es el caso del Chief Technology Officer (CTO), el Chief Digital Officer (CDO) o el Chief Innovation Officer (CIO), sino que también la demanda de perfiles por parte de las empresas e instituciones está cambiando para hacer frente a la endémica costumbre del conformismo. En esa especie de metamorfosis, de insurección en pos de conseguir una adecuación a un entorno altamente competitivo, emergen otros roles como el Digital Sales Manager, el Digital Project Manager, el Data Scientist o el SEO Specialist. Asimismo, en el escaparate de la transformación digital, otro de los objetivos sigue siendo potenciar, adquirir y conservar el talento, principalmente porque la incertidumbre ante lo desconocido y las disrupciones constantes en el mercado deben convertirse en oportunidades; así, las organizaciones más ágiles y mejor preparadas tienen la posibilidad de descubrir nuevos mecanismos para conseguir un crecimiento de su negocio.

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MIT Sloan Management Review and Deloitte University Press. Research Report: Strategy, not technology, drives digital transformation.

La tecnología capacita, además, para poder medir la respuesta a las necesidades de los distintos stakeholders y su grado de satisfacción. Pero para ello, todos los procesos y las operaciones tienen que estar alineados y funcionar con un alto grado de eficiencia. Más si cabe, porque la interacción con el cliente es esencial a partir de la escucha activa (customer centricity) en una realidad en la que empresas e instituciones están más expuestas que nunca. En 2015, ya lo decía el estudio ‘Strategy, not Technology, Drives Digital Transformation’, realizado por MIT Sloan Management Review y Deloitte University Press: cuando se habla de transformación digital, no es lo mismo invertir en tecnología que transformarse digitalmente. Tampoco basta con trasladar a canales digitales lo que se estaba haciendo offline. En toda fase de optimización, el quid es no quedarse sólo con la parte más visible y tangible, sino ir más allá e imaginar cómo debería ser la empresa o institución en un futuro y de qué manera podría mejorar la experiencia sin renunciar al desarrollo sostenible.